Sembrar un árbol y retejer los lazos

Fue en 1977 que Wangari Maathai propuso formalmente el proyecto de un Gran Cinturón Verde. Cuando las noticias sobre la Gran Muralla Verde, el gran proyecto africano de lucha contra el cambio climático iniciado en el 2007, anuncian una esperanza de proveer no solo un antídoto a la deforestación sino también mejores condiciones de vida a las poblaciones que viven en las zonas afectadas, es necesario recordar a la mujer que concibió un proyecto similar a finales de la década de 1970. La principal idea que sustentaba el proyecto: la intríseca relación entre ecología y crecimiento humano. En 2004, Wangari Maathai se convertió en la primera mujer africana en obtener el Nobel de la paz. El comité que le otorgó el premio, destacó que su movilización de las mujeres africanas no estaba limitada al desarrollo sostenible; ella había visto el sembrar árboles en una perspectiva más amplia que incluía democracia, derechos de las mujeres y solidaridad internacional.

Wangari Maathai
No puedes esclavizar una mente que se conoce a sí misma. Que se valora a sí misma. Que se entiende a sí misma.

En efecto, su visión y su práctica fue, desde 1977 hasta su muerte en 2011, plantar árboles y estimular todo lo que derivaba de tal acto; reconstrucción comunitaria, aprendizaje, dearrollo sostenible, educación para la paz…. Plantar árboles fue, en la trayectoria de Wangari Maathai, primero una idea puntual, una solución a un problema concreto: 7 árboles plantados en el centro de Nairobi (hoy el movimiento ha sobrepasado la cifra de 300 millones de árboles plantados). Después, el elemento que podía aglutinar varias zonas de existencia y religar lo que había sido desconectado previamente. Los árboles eran protección para la erosión del suelo, pero también frutas, madera que podía ser vendida, agua cercana, forraje para los animales; en resumen, la mejoría de la vida. Más tarde, sembrar árboles exigió una coordinación de esfuerzos en el que las mujeres jugaban un rol fundamental; sembrar árboles trataba también de sus derechos, y de su posibilidad de crecer y sostenerse.  En la transcripción de un podcast para Onbeing, en entrevista de Krista Trippet, Wangari Maathai comenta que en efecto, sembrar árboles se convirtió también en una forma ecológica de desobediencia civil.

En su trayectoria, la idea de sembrar árboles adquirió un sentido trascendente; como transformación palpable y como vía para aglutinar, recomponer, reconstruir, a partir de un acto realizable de igual forma por dos manos dispuestas que por instituciones organizadas y gobiernos enteros. Plantar árboles y recomponer la vida están atados, en la visión de Wangari Maathai, a la reflexión sobre la responsabilidad humana en el mundo, sobre la necesidad en el cristianismo de tomar conciencia del rol del ser humano como cuidador y no como predador inconciente, sobre Dios y su omnipresencia, que también puede ser la presencia en el lugar particular que su cultura nativa le asigna, el Monte Kenya. No puede entenderse su labor sin esos referentes. Relevante es también considerar su trayectoria como el resultado particular de las fuentes diversas de las que bebió: la educación de los misioneros católicos con los que creció, de la que aprendió sobre el dar sin esperar una retribución inmediata; las historias de su pueblo Kikuyo, en Kenia, de donde adquirió un sentido intuitivo sobre el equilibrio ambiental; y el movimiento de los derechos civiles en Estados Unidos en la década de 1960, que estimuló su búsqueda de justicia y su preocupación por los derechos humanos.

Así, uno podría entender la vida de Wangari Maathai como el resultado fructífero de un entrecruzamiento: el de las preocupaciones terrenales por el sustento cotidiano y  la vida de sus congéneres con la atención a las condiciones trascedentes: Dios, las sabidurías acumuladas que se expresan en normas colectivas, la acción y la entrega que no buscan recompensa.  Pero es poco probable que ella misma hubiera visto su vida de esta manera; no hay discrepancia alguna entre la vida cotidiana y lo que la trasciende, y algunas acciones pueden retejer lo que circunstancias diversas han destejido. Sembrar un árbol es mucho más que sembrar un árbol.

Hilda Landrove

 

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